galernas que provocaron numerosos naufragios y terminaron de malbaratar la expedición. De allí se trasladaron los novios a Valladolid, no sin pasar antes por Tordesillas, para visitar a su abuela, la reina Juana, quien, según refieren las Crónicas, les pidió que danzaran en su presencia. Gravedad sobre gravedad. De todo ello informó el Rey por cartas autógrafas, a los familiares más importantes de la Casa de Austria, tanto en Viena como en Lisboa (una inserta en la crónica de Cabrera de Córdoba, otra existente en la Real Academia de la Historia) y, por supuesto, también al papa san Pío V; una de ellas ha estado en manos del autor de este trabajo: la enviada por el Rey a su cuñado Maximiliano II, sita en el archivo imperial de Viena. Operación Lisboa: incorporación de Portugal: cuando se producían esos graves sucesos en la Corte ya estaba en marcha el proceso histórico que acabaría con la incorporación de Portugal a la Monarquía Católica. emperador, en ocasiones en que la atención de Carlos V era absorbida por conflictos en los Países Bajos (1539) o en Alemania (1543), Todo había arrancado del arriesgado proyecto del rey don Sebastián por conquistar Marruecos. Poco antes de su muerte, Felipe II lo relevó por el duque de Medina-Sidonia, más dócil a sus órdenes, pero ignorante de las cosas de la mar y de la guerra. Y, por si fuera poco, aquel mismo año de 1565 la reina madre Catalina de Médicis pidió el apoyo del Rey para salir de la crisis en que había caído Francia, con el inicio de las guerras religiosas que destrozaron el país; serían las jornadas conocidas como las Vistas de Bayona, en las que Felipe II mandó una comisión presidida por su esposa, la reina Isabel de Valois, asistida por el duque de Alba. México: Editora Nacional. Se inició el proceso contra el príncipe, durísima medida que tiene pocos paralelos en la Historia; pero no hubo lugar a concluirlo, porque la débil constitución de don Carlos no le permitió sobrevivir al duro encierro en la torre en el tórrido verano de aquel año, y murió en prisión el 24 de julio de 1568. y pról. Pero algunas medidas tomadas iban a minar su poderío: en primer lugar, la creación de un severísimo tribunal llamado de los Tumultos, encargado de descubrir y condenar a los cabecillas de aquel alzamiento contra el Rey. Y lo aprovechó con creces. Pero fueron unas negociaciones muy forzadas que provocaron una fuerte tensión en la antigua alianza familiar de la Casa de Austria, situación aprovechada por los enemigos del Emperador para la gran rebelión; sería la grave crisis internacional de 1552, que tan en apuros puso a Carlos V. Para entonces, ya Felipe II había regresado a España en 1551, con poderes muy amplios, para gobernar en ausencia del Emperador. Felipe] Segundo, Rey de España, Madrid, Aribau y C.ª, Sucesores de Rivadeneyra, 1876-1877 (ed. Desde entonces hasta el final del reinado dominó el poder el cardenal Granvela, coincidiendo Hacía años que había ordenado la modernización de su escuadra, de tal forma que consiguió la marina más poderosa de su tiempo sobre la base de dos principios: naves más veloces y más maniobreras, y, sobre todo, con mayor potencia de fuego. Cuando vio cercano su fin, Felipe II comprendió que debía dejar otro legado a sus sucesores y se avino a la Paz de Vervins (1598) con Enrique IV de Francia y a desgajar los Países Bajos de la Monarquía, cediéndolos a su hija Isabel Clara Eugenia. en mayo de 1588 con destino a Flandes, donde las tropas habían de engrosarse aún más. Tal declive coincidió con la La armada de la Santa Liga, con los efectivos de España y de los otros dos aliados, Roma y Venecia, tardó en estar dispuesta para el combate; de hecho, la solemne entrega del estandarte bendecido por el Papa no se hizo hasta fines de agosto en Nápoles, y la concentración de la armada no se logró hasta principios de septiembre, en el puerto siciliano de Mesina. (Valladolid, 1527 - El Escorial, 1598) Rey de España (1556-1598). las potencias rivales: las campañas militares para frenar las revueltas protestantes de los Países Bajos desangraron la hacienda ¿No era dar demasiadas alas a su ambicioso hermanastro? Y la opinión pública se preguntaba dentro y fuera de España: ¿qué estaba pasando en la Corte del Rey Prudente? Tal era su categoría y tal era el aprecio en que era tenido por el Emperador. Fernando Álvarez de Toledo, duque AA., La España de Felipe II, en J. M. Jover Zamora (dir. Tras un primer distanciamiento con la Reina, muy afectada por aquellos graves sucesos, lo cierto es que Felipe II reanuda pronto su vida conyugal con normalidad, de lo que también dio testimonio el parto de la Reina en otoño de aquel año de 1568; aunque fuera un mal parto a consecuencia del cual no sólo nació muerta la criatura, sino que provocó la muerte de su madre. En un principio, se trataba de íntimas conversaciones del padre con el hijo, que se mantenían regularmente, cuando el Emperador, dolido por la soledad que le había traído la muerte de la emperatriz Isabel, buscó en su hijo la ayuda que precisaba para gobernar, máxime pensando que pronto los acontecimientos internacionales lo iban a obligar a dejar nuevamente España. Una verdadera marina de guerra, con poderosos galeones artillados, desplazaba a las galeras medievales. Ana de Austria llegó a España en 1570. Y para ello se destinó a Felipe II una novia de su edad, María Manuela, la hija del rey Juan III de Portugal y de doña Catalina; un matrimonio arriesgado, dado el estrecho parentesco de los novios, primos carnales en doble grado y nietos los dos de Juana la Loca, pero justificado por el deseo de afianzar las relaciones con la dinastía Avis de Portugal, siguiendo la tradición marcada por los Reyes Católicos y continuada por el propio Carlos V, que apuntaba a la posibilidad de lograr la unidad peninsular por esta pacífica vía; sin faltar los motivos económicos, pues Juan III había dotado generosamente a su hija con 300.000 ducados, que eran ansiosamente esperados por las arcas siempre exhaustas de Carlos V. La boda se celebró en Salamanca el 15 de noviembre de 1543. El joven Felipe participó personalmente en la defensa de Perpiñán con sólo quince años, y a los dieciocho Hoy hay que dar por cierto, documentación en mano, que Antonio Pérez tramó el asesinato de Escobedo, movido por el temor de que su antiguo compañero de la clientela del príncipe de Éboli descubriese al Rey sus propios manejos; pues por aquellas fechas Antonio Pérez se había convertido en el confidente y acaso incluso en el amante de la princesa viuda de Éboli. En tan enmarañada situación cortesana, los graves acontecimientos surgidos en 1566 no hicieron sino complicar las cosas de un modo gravísimo; porque los calvinistas de los Países Bajos rebelados ese año contra el gobierno de Margarita de Parma en su intento de socavar el poderío del Rey, y teniendo noticia de las diferencias que había entre el Rey y el príncipe heredero, tantearon el apoyo de don Carlos. Fueron no pocas sus amantes, desde Isabel de Osorio hasta Eufrasia de Guzmán, incluida sin duda la misma princesa de Éboli, uno de cuyos hijos —el que luego fue segundo duque de Pastrana— era hijo suyo según el rumor general de la Corte. Para entonces ya había muerto en Yuste su padre, Carlos V, que en los últimos años se había convertido en su mejor y mayor consejero. Para ello Felipe II tuvo que acudir a los mayores esfuerzos: nombrar a su hermanastro don Juan de Austria generalísimo de su ejército y trasladar la Corte a Córdoba en 1570, para estar él mismo más cerca del teatro de las operaciones. Y prueba indudable de esa luna de miel, es que al año siguiente nacería la primera hija de aquel matrimonio: la infanta Isabel Clara Eugenia. y el que encabezaron primero Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, y más tarde Antonio Una enemistad ideológica que se afianzó con la natural rivalidad en el mar entre las dos potencias, que llevaría a los corsarios ingleses a mostrarse cada vez más audaces en sus ataques a los navíos españoles que venían de las Indias; provocaciones constantes que Felipe II no sabía cómo contestar. Para entonces, a sus veinte años y tras cinco de tan intensa preparación, puede decirse que el príncipe es quien gobierna en pleno los reinos hispanos. Con razón, Bazán se resistía ya a la empresa que antes había apremiado al Rey. La biografía definitiva (5ª edición). Todo parecía apuntar a la cólera de un Rey cruel castigando con la vida a unos jóvenes amantes. No aceptando un papel secundario, Bazán se negó a salir de Lisboa. en favor de Felipe II, que entre 1555 y 1556 recibió las coronas de los Países Bajos, Sicilia, Castilla y Aragón. El primer heredero Y entre los soldados de los tercios viejos, un personaje legendario: Miguel de Cervantes. de madre, lo que lo afectó hondamente y marcó para siempre su carácter taciturno. Y entre los procesados, una figura de excepción: el arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza. En un principio don Carlos sufrió la prisión en sus propias habitaciones de palacio; pero a poco el Rey ordenó su traslado a uno de los torreones del alcázar, para tenerlo más incomunicado y más fácilmente vigilado. El resultado fue el acuerdo de Augsburgo de 1551, por el que se aceptaba una sucesión alternada al trono imperial: a Carlos V le sucedería su hermano Fernando, a éste el príncipe Felipe y a Don Felipe su cuñado Maximiliano, ya casado con la infanta María. Vencidos los rebeldes moriscos granadinos, don Juan de Austria recibió la terrible orden: expulsar a todos los moriscos del reino de Granada, siendo dispersados por el resto de la Corona de Castilla, en particular por Andalucía, Extremadura y Castilla la Nueva; si bien la documentación local prueba que también llegaron algunos de ellos a las ciudades y villas de Castilla la Vieja. ingleses (con el célebre Francis Drake a la cabeza) contra el imperio colonial español. Sabedor el Rey de los contactos de su hijo con los rebeldes flamencos y teniendo noticia de que preparaba su fuga de la Corte, no vaciló en tomar una decisión severísima: la prisión de su hijo y heredero. Por lo tanto, nada de figuras secundarias: el de la cabeza de la Iglesia española, el del príncipe heredero y el del secretario de Estado. El asesinato de Escobedo produjo una gran consternación en don Juan de Austria, quien, desalentado por verse desasistido por su hermano, el Rey, acabó enfermando de muerte en los Países Bajos. II de Francia, Para guardarse las espaldas, Antonio Pérez trató de conseguir el permiso regio para una acción violenta contra Escobedo. ISBN 84-8432-143-6. Con ese visto bueno, lo que se trataba era de eliminar a Escobedo sin despertar sospechas, y sin que la Justicia interviniese. Pero el imprudente secretario de don Juan de Austria dio a entender que era mucho lo que sabía, amenazando con ello a Antonio Pérez; y ésa fue su sentencia de muerte. Pero Doña Isabel existía. Y Felipe era advertido por su padre de que no debía tomar ninguna resolución sin la debida consulta con aquellos probados y experimentados consejeros imperiales. Las luchas entre ambas redes se exacerbaron a raíz del asesinato del secretario Juan de Escobedo (1578), culminando con la detención de Antonio Tudor (1558). sobrepasaron, dado el peso de los gastos militares sobre la maltrecha Hacienda Real; en consecuencia, Felipe II hubo de declarar a la monarquía VII, Madrid, Real Academia de la Historia, 1832; L. P. Gachard, Correspondance de Philippe II sur les affaires des Pays-Bas, Bruxelles, Librairie Ancienne et Moderne, 1848-1861; L. Cabrera de Córdoba, Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España, desde 1599 hasta 1614, Madrid, Imprenta J. Martín Alegría, 1857 (prefacio R. García Cárcel, Valladolid, Consejería de Educación y Cultura, 1997), párr. En los dos primeros años de esta andadura, de los doce que duró, Felipe II seguiría fielmente las instrucciones paternas, como propio de un muchacho que todavía no había entrado ni siquiera en la adolescencia. Conforme a las normas de la época, tal delito era de lesa majestad, que conllevaba, por lo tanto, la muerte. Todo parecía perfecto para los planes del Rey de acometer una empresa de tal envergadura; puesto que ya no se trataba de ayudar a una aliada dudosa (dados los vínculos de María Estuardo con Francia), sino a una princesa de la valía y de la confianza del Rey como era su hija Isabel Clara Eugenia. En 1554, el rey y emperador Carlos V le transfirió la corona de Nápoles y el ducado de Milán. Con la derrota de la Invencible se iniciaba la decadencia del poderío español en Europa. Eso daba a Felipe II la oportunidad de aparecer ante los ojos de Roma como el que castigaba tal muerte. Fue el final de una etapa dura en el interior, pero brillante en el exterior, a la que sucedió un lustro verdaderamente terrible, con el annus horribilis de 1568. Es fama que, enterado de este descalabro, compungido y contrariado, Felipe II exclamó: «No Así, por ejemplo, su protección a músicos de la talla de Antonio Cabezón. Cumplió su deber conyugal, dando numerosos hijos al Rey, pero casi todos muertos poco después de nacer (Femando, Carlos Lorenzo, Diego, María). 5; Filipe [i.e. Rey de España y Portugal. de nuevo frente a los turcos, a los que derrotó en la batalla de Lepanto (1571), y extendió hasta dimensiones nunca vistas los dominios disputa sucesoria francesa, apoyando al bando católico frente a los protestantes de Enrique de Navarra (el futuro Enrique Surgió un triángulo amoroso en la cumbre, que pronto evolucionó con la incorporación de otros dos personajes. Bibl. Pero hay una parte de esa formación del príncipe que don Carlos se reserva personalmente: el aspecto político. Tras algunas desastrosas batallas en el mar del Norte, la Armada regresó, pero en el camino de vuelta halló fuertes Ese mismo Se sabe que en 1565 el Rey estaba viviendo una auténtica luna de miel con su esposa Isabel de Valois; de ahí que la mandara como su alter ego a las jornadas de Bayona para entrevistarse con la reina madre Catalina de Médicis. La primera potencia de Europa, luchaba nada menos que con el Imperio turco de Solimán el Magnífico. Pero María Estuardo era católica y eso animó al Papa a un plan de altos vuelos: que don Juan de Austria invadiese la isla, liberase a María Estuardo, destronara a la reina herética Isabel, la hija de Ana Bolena, y pusiese en el trono, no sólo de Escocia, sino también de Inglaterra a la Reina cautiva. Una complicación de la política exterior, porque aunque la rebelión de los calvinistas holandeses pareciera un asunto interno de la Monarquía Católica, de hecho fue la oportunidad buscada y deseada por todos los enemigos que tenía Felipe II en Europa, para coaligarse en su contra. Para entonces don Juan de Austria había sido destinado por el Rey como gobernador de los Países Bajos. Alentado por la Corte pontificia, don Juan de Austria soñó con una intervención en Inglaterra, donde por aquellas fechas la reina de Escocia María Estuardo era una prisionera de Estado vigilada por Isabel de Inglaterra. Sus maestros le inculcaron el amor a las artes y las letras, y con Juan Martínez Silíceo, catedrático de la Universidad Concertada la boda para 1554, se cruzó entonces la operación de Inglaterra, con la boda en este caso de don Felipe con María Tudor. Pero hay una parte de esa formación del príncipe que don Carlos se reserva personalmente: el aspecto político. La orientación atlántica de la Monarquía dio como fruto la anexión del reino de Portugal a España en Clara Eugenia, nacida de su matrimonio con la hija de Enrique II de Francia, Isabel de Valois, pero consiguió que Enrique IV abjurase del protestantismo (1593), quedando Francia en la órbita católica. La mayor presencia española en el Atlántico acrecentó la tensión con Inglaterra, manifestada en el apoyo inglés Hay que destacar en ese período infantil la presencia de dos pajes: el portugués Ruiz Gomes de Silva, que le llevaba once años (el futuro príncipe de Éboli) y Luis Requesens de Zúñiga, el hijo de Zúñiga y Estefanía Requesens, al que el príncipe llevaba un año; ambos se convirtieron en sus amigos de la infancia y posteriormente en dos de los personajes más destacados de su reinado. con la época en que, gravemente enfermo, el rey se alejó de los asuntos de gobierno y delegó parte de sus atribuciones en De momento, el envío del duque de Alba con un fuerte ejército (los temibles tercios viejos) pareció solucionar el primer conflicto. Pero eso, que parecía un gran bien de la Cristiandad según el punto de vista de Roma, era mirado con recelo por Felipe II. Barcelona: Crítica. Y la Justicia descubrió en la cocina de Escobedo una morisca al servicio del secretario. Las jornadas en los años siguientes (1572: acciones de la Armada en Modón y en Navarino; 1573: toma de Túnez) fueron poco efectivas, y se perdió de nuevo Túnez en 1574 ante la contraofensiva de la armada turca reverdecida, bajo el mando de Euldj Alí. Y así se llegó al año 1568, el annus horribilis del reinado del Rey Prudente. Era seguir la línea de las alianzas familiares, pero ahora fuera de la Península; a las princesas portuguesas, de los reinados anteriores, iban a suceder las archiduquesas austríacas. Cartas a su hija la infanta doña Catalina (1585-1596), Madrid, Espasa Calpe, 1975; M. Fernández Álvarez y J. L. de la Peña (eds. Pero pronto, conforme se fue afianzando en el poder, Isabel de Inglaterra se convirtió en la protectora de todos los protestantes del norte de Europa, empezando por los calvinistas holandeses; de ese modo, Isabel se fue desplazando hacia una clara enemistad contra Felipe II. ); T. González, “Apuntamientos para la historia del rey don Felipe II de España, en lo tocante a sus relaciones con la reina Isabel de Inglaterra (1558-1576)”, en Memorias de la Real Academia de la Historia, vol. Pero Antonio Pérez se encargó de hacer creer al Rey tales tramas conspiratorias, a lo que le ayudaba la misma indiscreción de Escobedo, quien, mandado por don Juan de Austria a la Corte para pedir encarecidamente a Felipe II una ayuda más eficaz en hombres y en dinero, a fin de poder concluir satisfactoriamente la rebelión de los Países Bajos, lo hizo con tan desmesurada forma que el Rey acabó teniendo por cierto que su hermano conspiraba y que quien alentaba sus planes traicioneros era Escobedo. A los once años quedó huérfano y el Papado. function citapers() { var x = document.getElementsByTagName("title"); document.getElementById("perscita").innerHTML = x[0].innerHTML;} Y en el mar, se había logrado rechazar los ataques ingleses a La Coruña, donde brilló la intervención popular, alentada por María Pita, lo mismo que en Lisboa y, en Ultramar, en Puerto Rico. Al morir le sucedió Felipe III, hijo de su cuarto matrimonio (con Ana de Austria). Constituyen un corpus documental del más alto valor para el conocimiento de esta etapa del príncipe; un corpus que se completó cinco años después con las Instrucciones de 1548, conocidas como el testamento político del César, pues si las primeras eran sobre todo de carácter moral y para prevenir al príncipe de cómo había de comportarse con sus ministros y consejeros (con la seria advertencia de que jamás cayese en la práctica de tener un valido “porque aunque os fuere más descansado, no es lo que más os conviene”), las de 1548 son una extensa consideración sobre política exterior, desarrollando una visión de la situación de las relaciones con los principales Estados de la cristiandad, así como con el Turco, con el que existían treguas que debían guardarse, porque el buen gobernante debía ser fiel a su palabra, la diese a cristianos o a infieles; unas Instrucciones que, como las de 1543, rezumaban sabiduría política y una fuerte carga ética, de forma que el quehacer del príncipe se supeditase siempre a principios morales. Y lo que fue más grave, si cabe, que dos de los inculpados, sentenciados y ejecutados fueran dos personajes del más alto nivel de la nobleza de aquellas tierras: los condes de Egmont y de Horn. Y no se puede olvidar que el conde de Egmont había servido a la Monarquía Católica con gran fidelidad y valentía, siendo uno de los héroes de la guerra que el Rey había tenido con la Francia de Enrique II. Aparte de que el príncipe pronto mostró un desvío, tanteando otras relaciones amorosas (y en este caso con una hermosa dama de la Corte, Isabel de Osorio), la princesa no soportó su primer parto y murió el 12 de julio de 1545, tras dar a luz a un varón al que se puso por nombre Carlos, en homenaje a su abuelo paterno, el Emperador. islámico representado por el Imperio Otomano; esta empresa tenía tintes de cruzada religiosa, pero también una lectura en De ahí, el estupor y la consternación con que el pueblo de los Países Bajos asistió a su implacable ejecución en la Plaza Dorada de Bruselas el 5 de junio de 1568. Otro suceso acabó de decidir a Felipe II, la ejecución en 1587 de María Estuardo ordenada por la reina Isabel. La resonante victoria que esta alianza cristiana obtuvo sobre los turcos en la batalla naval de Lepanto (1571) quedó reafirmada Solícita cuidadora del Rey, murió Ana de Austria en 1580. el Imperio español a su hijo Felipe II, que pasó a ser entonces (como ya lo había sido su progenitor) el monarca más Juan de Austria y Alejandro Farnesio, las provincias del norte de los Países Bajos se declararon independientes sobresaliente. Y en el exterior, aprovechando el respiro que le daban las rebeliones de los calvinistas holandeses, dominados por el momento por el duque de Alba, y de los moriscos granadinos vencidos por don Juan de Austria, Don Felipe entró en la Liga que auspiciaba Roma, junto con Venecia, en los términos que recordaban los intentados por Carlos V en 1538, afrontando la mitad de los efectivos, con el derecho, a cambio, de designar al caudillo de la empresa, para el que Felipe II escogió a su hermanastro don Juan de Austria, bien asesorado por Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, y por Luis de Requesens, el amigo de la infancia del Rey. Para entonces, Carlos V había abdicado en Bruselas (1555), había estallado la guerra de Felipe II, ya Rey de la Monarquía Católica, contra la Francia de Enrique II, se había logrado la gran victoria de San Quintín, en presencia del nuevo Rey, pero se había perdido Calais y los diplomáticos empezaban a sustituir a los soldados, con el resultado de la Paz de Cateau Cambresis (1559). En todo caso, le ofreció la ayuda castellana, con el duque de Alba, aunque en vano, por negativa del duque si no asumía el mando en jefe de la expedición portuguesa. Juicio sobre su obra: con algunos graves errores, que ya se han señalado, en especial su actitud frente a los rebeldes calvinistas holandeses y en la empresa de Inglaterra, otros muchos aspectos son dignos de valorar positivamente, empezando por su mecenazgo cultural. ramas alemana y española de la Casa de Habsburgo. Con la paz en la mano, Felipe II regresó a España en el verano de 1559. La misma capital, Granada, estuvo a punto de caer. Ello en parte por la rivalidad cada vez más enconada entre Antonio Pérez, el secretario del Rey, y Juan de Escobedo, el secretario de don Juan de Austria. Los cuadros de la Corte la presentan muy blanca y muy rubia, casi albina, y de aspecto enfermizo. Acaso simplemente como socios en un turbio negocio de venta de secretos de Estado; acaso doblándolo todo con una relación amorosa (“prefiero el trasero de Antonio Pérez que a todo el Rey”, se le oyó decir).

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